enero 24, 2007 at 3:40 pm (Sin categoría) ()

Se despertó. Le dolía la cabeza. Claro, estaba de resaca. Cuando se dio la vuelta vio a otro hombre acostado a su lado, de espaldas. ¿Quién es? Se preguntó asustado. Pensó y pensó y llegó a una conclusión: la culpa el del alcohol, debí beber ayer hasta volverme julandrón. Dios mío. ¿Qué dirán de mí? No soy gay. Lo tendré que asumir.
¿Y mi novia? ¿Qué he de hacer? Se lo diré. Poco a poco para que lo asimile. Será un golpe duro, pero lo entenderá. ¿Y mis padres? Mamá lo aceptará. Pero y papá… ¿lo entenderá? Soy su hijo, además no es algo tan malo… Es mi opción sexual. Yo elijo lo que me gusta.
¿Cómo será el sexo así? No debe estar tan mal si hay tanto personal…

Cuando se había echo a la idea de su nueva identidad sexual, el hombre que dormía en su cama despertó. Su sorpresa vino cuando vio que era una tía con el pelo cortado estilo chico.
¡No! Pensó. ¡Es una mujer! Pero… yo soy gay. Y punto.

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enero 15, 2007 at 7:28 pm (Sin categoría) ()

Una minihistoria que escribí hace tiempo. Me surgió mientras escuchaba la canción Siento, de Zenit.

Es otoño. El suelo está cubierto de hojas que él va apartando distraídamente con el pie. Ve un banco vacío y se sienta. Mira a la gente a su alrededor, pero nadie repara en él. Coge una ramita de árbol que hay cerca suyo y empieza a dibujar en el suelo. Escribe un nombre. Su nombre. El nombre de ella. A su mente vienen recuerdos que ve difusos. Otra chica. Su novia descubriendo el engaño. Él sabe que ella ahora pertenece a otro. Sabe que ahora es feliz. Piensa: “He muerto al perderte porque tú eras mi vida”. Una lágrima caliente rueda por su mejilla. Ahora ella es feliz. Sólo existe para él la indiferencia, el desprecio y el odio por parte de ella. Una herida así tarda en sanar. Se levanta y se aleja cabizbajo. “He muerto al perderte porque tú eras mi vida”.

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Un microrrelato

noviembre 4, 2006 at 10:23 pm (Sin categoría) ()

En un alarde de egocentrismo, me he decidido a colgar uno de mis muchos escritos. La razón es que es el único que me han premiado, y, por qué no, del que más orgullosa estoy (por no decir el único xDDD).
Pues con él gané el 2º premio de mi instituto, 20 eurillos para gastar en una papelería, los cuales canjeé por dos libros de Laura Gallego, La hija de la noche y Memorias de Idhún: La Resistencia, dos buenas adquisiciones. Aquí os pongo el relato, a ver qué os parece:

Carta a Mamá


Hola mamá. Te he traído dos regalos. Mira, la abuela y yo hemos ido a comprar estas flores tan bonitas para ti. Yo sé que tus flores favoritas son las rosas rojas, pero la abuela insistía en que eran los claveles, así que te hemos comprado un ramo con rosas y claveles, para no equivocarnos y darte la sorpresa. Mi otro regalo es este dibujo que hice ayer por la tarde. Mira, en él salimos tú y yo ¿ves? Ésta de aquí eres tú, con la falda rosa que tanto me gusta, y ésta soy yo. Me he dibujado con el vestido azul que me compraste el día de mi cumpleaños. Mamá, papá ya se ha ido, la abuela dice que nunca más volverá a hacerte daño. ¿Por qué no vuelves? Mamá, debo irme ya, la abuela dice que el cementerio no es lugar para los niños.

Pues esto es todo. La verdad es que nunca se me olvidarán las palabras que me dijo mi profesora de lengua, Magdalena (la mejor porfesora que he tenido): “En el departamento nos encantó la forma tan sutil y dulce en que está planteado el tema”. Y otra cosa que me dijo, o más bien, un consejo que me dio: “Sigue escribiendo, que puedes”. Y hasta el día de hoy lo he seguido al pie de la letra.

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Una historia que me suena…

agosto 10, 2006 at 10:42 am (Sin categoría) ()

Bueno, aquí estoy de nuevo, que me ha dado la vena inspiratoria (¿se llama así?). Ya me he cansado del coping and peguing, aunque he de aclarar que la entrada “Desesperadas de verdad” la escribí entera ^^.
Bueno no me enrollo, voy a escribir algo de mi puño y letra. Espero que os guste 😀

Tras una discusión con sus padres, la niña se encerró en su habitación. Allí pensó en lo desgraciada que era su vida en todos los aspectos y pensó en quitársela. En el cajón tenía guardadas las pastillas para calmar el dolor de la menstruación. Había leído en el prospecto que una dosis exagerada podría causar la muerte. La muerte… eso que todo el mundo teme…y sin embargo, con 12 años ya estaba deseando que llegara… La chiquilla decidió recapacitar un poco, pero lejos de aquellos a los que ella llamaba “sus torturadores”. Cogió un bloc de dibujo y un lapicero, un libro que la habían mandado en el colegio (Íntimos secretos), y su discman, con el cd Folktergeist de sus adorados Mago, y lo metió todo en su mochila.
Salió de su casa y se dirigió al campo, al banco donde siempre acudía cuando se sentía mal.
Allí, cogió el libro y empezó a leer desde dónde se había quedado. ¡Vaya! Trataba de una niña gorda, acomplejada, con la que sus compañeros se metían constantemente y su padre también. Tras leer un rato, una idea le vino a la mente. La de una niña acosada por la muerte…De modo que dejó de leer y empezó a plasmar en el bloc la imagen que tenía en mente… De fondo se escuchaba “El que quiera entender que entienda”. Así fueron transcurriendo las horas, hasta que se hizo de noche y la niña no veía ya lo suficiente para dibujar. Cuando levantó la vista, vio que un muchacho mayor que ella se estaba acercando a su banco. La chiquilla se asustó e hizo como que no le había visto, pero el chico llegó y se sentó a su lado. No dijo nada. Encendió un cigarrillo y comenzó a fumar, mirando al cielo.
– ¿Puedo ver el dibujo? – preguntó -.
La niña se lo enseñó.
– Mmm… no dibujas mal, me recuerda a Luis Royo.
Y no dijo más. Tras un rato, la niña le preguntó tímidamente.
– ¿Quién es Luis Royo?
– Es el mejor dibujante del mundo – fue lo único que respondió el muchacho -.
Dio otra calada de su cigarrillo y le ofreció a la niña. Ella se negó.
El chico comenzó a hablar de nuevo. Le habló de su música favorita, de sus películas, de sus amigos, de su familia… La niña escuchaba atenta. Cuando terminó, la miró y dijo:
– ¿Cuántos años tienes?
– Doce
– Ahm…yo quince. ¿Por qué no hablas? – preguntó – .
La niña se quedó pensando…
– Soy tímida – respondió -.
– Bueno, pero no eres muda – dijo él -.
A partir de ahí la chiquilla empezó a contarle cosas de ella. Tras un rato hablando, la niña le informó de que se tenía que ir a casa. Él la acompañó hasta la puerta y se fue.
Ya es su habitación, la niña abrió el cajón para guardar el bloc. Vio las pastillas. Y cerró el cajón, pensando en la suerte que había tenido.
A la tarde siguiente, la niña volvió al campo, a su banco, pero estaba ocupado. Por ÉL. Su mejor amigo ^^.

THE END
Por Teresa Ruiz
Lady Elyon

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