¡Premio al blog femenino e inteligente!

junio 19, 2009 at 10:19 pm (Uncategorized) (, , , , )


¡Gracias Andrómaca por este premio! Me ha hecho mucha ilusión jejeje 🙂. Las reglas de este premio-meme son las siguientes:

– Elegir seis blogs de mujeres:

Aaaish me ha costado mucho porque me he dado cuenta de que ¡casi sólo sigo blogs de chicos! Pero éstas son mis premiadas ^_^

No sé si el premio se puede volver a entregar a la persona de la que lo recibimos, pero si se pudiera no dudaría en devolvérselo a Andrómaca 🙂

– Colocar el enlace del blog que lo otorga.

– Hacer una pequeña entrada que contenga las palabras: vida, amor, cine, literatura, viaje.

Conozco la Comarca, las Minas de Moria y Mordor. Conozco Poniente, Roca Casterly, Invernalia y el Muro. Anoche estuve paseando por Krynn junto a Tanis el Elfo, fue un viaje apasionante.
De la mano de Jaime Lannister conocí el amor. No necesito el cine para soñar una historia fantástica. Todo eso me lo proporciona la literatura. Porque leer es mi vida.

Absolutamente falta de inspiración, me ha salido esta mini-frikada :-S

Espero que os guste el premio 🙂, ¡las chicas son bloggeras!

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70 años de la muerte de Antonio Machado

febrero 23, 2009 at 10:26 pm (Uncategorized) (, )

Ayer se cumplió el 70 aniversario de la muerte de Antonio Machado, mi poeta favorito, y por ello he decidido hacerle un homenaje escribiendo sobre su vida y especialmente sobre su obra. Esto lo escribí para el foro de Top Fan Fics, así que me he limitado a hacer copy/paste 🙂


Breve introducción a la poesía de la primera generación del siglo XX.

En los primeros años del siglo XX, la lírica alcanza uno de sus momentos culminantes con el modernismo de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez (los poetas más valorados junto con el nicaragüense Rubén Darío), Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Manuel Machado y Eduardo Marquina.
El modernismo significa una profunda renovación estética que influye en toda la poesía de la época. Su auge se prolonga hasta 1915; a partir de esta fecha, la lírica busca nuevos rumbos que marcarán principalmente a Juan Ramón Jiménez y a la Generación del 27.

Antonio Machado.

Vida.

Nació en Sevilla, en una familia culta y liberal (su abuelo era krausista y su padre, un notable folclorista). Se trasladó a Madrid a los ocho años y estudió en el Instituto Escuela de la Institución Libre de Enseñanza krausista. Vivió una juventud bohemia a la sombra de su hermano Manuel, más conocido, simpático y sociable, y realizó algunos viajes a París. En 1907 empezó a trabajar como profesor de francés en el Instituto de Soria; allí se enamoró y se casó con Leonor Izquierdo, quien enfermó y murió al poco tiempo, en 1912. Machado se fue a Baeza (Jaén), y más tarde se trasladó a Segovia y a Madrid. Durante la guerra, manifestó su apoyo a la República. Al final de la contienda, huyó con los numerosos refugiados republicanos y murió en el exilio, en Colliure. En sus últimos años, Machado vivió un nuevo amor con la poetisa Pilar Valderrama, quien aparece en su poesí bajo en nombre de Guiomar.

Obra.

La trayectoria poética de Antonio Machado refleja la evolución de la lírica del momento, del modernismo a la búsqueda de nuevas formas expresivas.
– La primera etapa, con Soledades (1903), obra ampliada en Soledades, galerías y otros poemas (1907), se inscribe en el modernismo simbolista. Éste suma la raíz romántica (Bécquer y Rosalía de Castro) y el simbolismo de Verlaine, sugerente y evocador, sin la brillantez formal de Rubén Darío o los parnasianos.
Es una lírica profundamente intimista; el poeta transmite sus sentimientos de tristeza y hastío, y llora el vacío de su presente mediante numerosos símbolos: la melancolía de las tardes otoñales, los viejos parques o las plazoletas y callejuelas de las ciudades viejas.
Machado dialoga consigo mismo o interpreta los mensajes de la naturaleza, como los románticos; es un poeta-médium, capaz de entender el lenguaje de las fuentes o del viento. Recorre sus galería del alma, buceando en sus recuerdos, en un ambiente a veces fantasmal de clara influencia romántica.
El tema recurrente es el tiempo, su transcurrir implacable, la nostalgia del pasado y la confusión entre el presente y el pasado mediante los recuerdos.
El estilo, dentro del simbolismo, es sencillo y de una sensorialidad poco estridente, evocador, de musicalidad suave y cromatismo apagado y simbólico. La métrica es variada, aunque predominan las formas flexibles (silvas) y populares (romances, cuartetas, redondillas, endechas…).

De esta primera etapa he seleccionado mi poema favorito, Cante hondo.

Cante hondo

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

Y era el Amor, como una roja llama…
-Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro,
que se trocaba en surtidor de estrellas-.

Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
-Tal cuando yo era niño la soñaba-.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.


– Su segunda etapa se inicia con Campos de Castilla (1912). A partir de 1907, con su llegada a Soria, Machado comienza un período menos intimista y más historicista, en el que el paisaje soriano cobra gran protagonismo. Se señalan entonces coincidencias con el Grupo del 98, ya que comparte las preocupaciones ideológicas y elimina los elementos más esteticistas.
En general, es una poesía más descriptiva, que refleja un paisaje real (Campos de Soria, Orillas del Duero) y, como ocurre con el Grupo del 98, la identificación entre Soria, Castilla y España se da habitualmente. En algunos poemas líricos también se produce la identificación entre el paisaje y el alma del poeta; otras veces, el paisaje provoca una reflexión histórica y crítica sobre la decadencia del presente y sobre el gran pecado hispánico, la envidia o el cainismo, constante histórica que muestra la imposibilidad de convivir de las dos Españas. En general, son poemas reflexivos y de estilo más retórico, pues aparecen palabras arcaicas o de tono épico que aluden al pasado guerrero de Castilla.
Poesías completas (1917) amplía Campos de Castilla. Incluye el ciclo Leonor, composiciones que recuerdan a la esposa muerta, y poesías de tema andaluz, en las que desarrolla una crítica social en tono irónico.

Orillas del Duero

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.
Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!


– En la última época, Nuevas canciones (1924) es una obra que defraudó por su carácter irregular. El aspecto más interesante reside en los Proverbios y cantares, composiciones a modo de sentencias o de canción popular con los temas constantes del autor: el relativismo, el tiempo, la búsqueda de Dios, la vida como un camino, la crítica sobre el país… De este período son también las Canciones a Guiomar, poemas amorosos, y las Poesías de guerra.

Proverbios y cantares – XXIX

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

En prosa destaca Juan de Mairena, personaje inventado que reflexiona sobre literatura, filosofía, política, etc.

Proverbios y consejos de Mairena

[…]La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política, y enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.

Y aquí aprovecho para colaros un pequeño y modesto ubi sunt que hice en honor a este poeta.

A don Antonio Machado
Por Elyon
Te escribo, Machado,
tratando de olvidar
el dolor irremediable
que tu tristeza me da.
Don Antonio Machado,
poeta y señor
¿dónde fuiste amado,
fuente mía de inspiración?
Pues las horas se hacen segundos
cuando con tu pluma dorada
me transportas a otros mundos,
Castilla soñada.


Y para terminar, los Cantares recitados por Serrat 🙂

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El perfume, Patrick Süskind

febrero 18, 2009 at 12:08 am (Uncategorized) ()

  • Título: El perfume.
  • Autor: Patrick Süskind.
  • Editorial: Seix Barral.
  • Nº de páginas: 253.
  • ISBN: 978-84-322-2803-2.

Hace tiempo que quería leer este libro, concretamente desde que salió la película (que no llegué a ver, todo sea dicho). El argumento se centra en la vida de Grenouille, nacido entre la basura y criado en distintos lugares, que descubre en su adolescencia que su pasional objetivo es crear un perfume capaz de cambiar lo que la gente de su alrededor puede percibir de él, ayudado por su increíble sentido del olfato.

Lo más increíble del libro son las motivaciones que llevan al protagonista a su incansable meta: Grenouille carece de olor corporal, algo que le atormenta pues cree que los demás ven en él un monstruo. Grenouille quiere ser amado y respetado, pensando que sólo puede conseguirlo creando un perfume con una siniestra fragancia: la esencia de jóvenes muchachas a las que mata para extraerles lo que, según él, les hace ser amadas.

El libro se estructura en cuatro partes de manera muy original. Cada parte abarca un periodo de la vida de Grenouille en la que se introduce a un nuevo personaje clave en la formación de la extraña personalidad de nuestro protagonista. Así, tenemos en su adolescencia como personaje clave al señor Baldini, el mejor perfumista de París, con el que comienza su aprendizaje en el mundo del perfume. En la segunda etapa, vive un tiempo aislado en las montañas como ermitaño, para después encontrarse con el marqués, quien utiliza a Grenouille de conejillo de Indias en su proyecto. Más tarde, pone rumbo a Grasse, donde desarrolla su instinto asesino matando a las jóvenes más bellas del lugar de una forma un tanto macabra para extraerles sus esencias. Finalmente, la última etapa del libro se centra en el juicio a Grenouille. Ante los personajes que le someten, el protagonista muestra una actitud sumisa y obediente, ocultando sus verdaderos instintos. Cuando decide abandonarlos, todos terminan de una manera trágica, como si hubieran sido infectados por Grenouille, definido a lo largo de los pasajes como una garrapata.

El estilo es algo recargado, abundando detalladas descripciones que, sin embargo, no hacen difícil de leer el libro, sino más bien lo contrario, consiguen introducir al lector en la trama.

Personalmente, a pesar de haber releído algunos pasajes del libro, aún no tengo una opinión final sobre él, y mucho me temo que por muchas veces que me lo lea seguiré en las mismas condiciones. La forma en la que está narrado me encantó, sí, y es cierto que las dos primeras partes del libro son estupendas. Tal vez mi opinión no es del todo clara por el sorprendente final, el cual no quiero comentar para no desvelar nada.

Con mi sello de recomendación, pues a pesar de no estar segura de si me ha gustado o no, sí lo he disfrutado 😉

Próximo post literario: Nada, de Carmen Laforet.

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¡Traducción al español del capítulo de Tyrion de Danza de dragones!

febrero 7, 2009 at 11:06 pm (Uncategorized) (, , )


Nuevamente, gracias a Facebook, ¡tenemos nueva sorpresa! El capítulo de Tyrion en Danza de dragones traducido al español por cortesía de Carmen Ibáñez 🙂
¡A disfrutarlo!

TYRION

Bebió todo el camino a través del Mar Angosto.

El barco era pequeño y su cabina aún más, y el capitán no le dejaba subir a cubierta. El balanceo de la madera bajo sus pies le provocaba arcadas, y la espantosa comida que le servían tenía incluso peor sabor cuando le volvía a subir a la garganta. Además, ¿para qué necesitaba carne salada, queso duro y pan amasado con gusanos cuando tenía vino para alimentarse? Era rojo y avinagrado, muy fuerte. A veces también le daba arcadas, pero siempre había más.

-El mundo está lleno de vino-, refunfuñaba en la oscuridad de la cabina. Su padre nunca había tolerado a los borrachos, ¿pero qué importaba? Su padre estaba muerto. Tyrion lo sabía; él lo había matado. “Una flecha en el vientre, mi señor, y todo para ti. Si hubiese sido mejor con el arco, te la habría metido a través de la polla con la que me hiciste, maldito bastardo.”

Bajo cubierta nunca era de día ni de noche. Tyrion medía el tiempo por las idas y venidas del chico que le traía la comida que él no comía. El chico siempre traía un cubo y un cepillo, para limpiar.

-¿Esto es vino dorniano? -le preguntó Tyrion una vez, mientras sacaba el tapón de un odre-. Me recuerda a cierta serpiente que conocí. Un compañero curioso, hasta que una montaña le cayó encima.

El chico no respondió. Era feo, aunque no tanto como cierto enano con media nariz y una cicatriz del ojo hasta la barbilla.

-¿Te he ofendido? -le preguntó al muchacho hosco y silencioso mientras frotaba el suelo-. ¿Te han ordenado que no me hables? ¿O es que algún enano estafó a tu madre?

Tampoco hubo respuesta. “Esto es inútil”, Tyrion lo sabía, pero tenía que hablar con alguien o se volvería loco, así que insistió.

-¿A dónde navegamos? ¿Se trata de Braavos? ¿Tyrosh? ¿Myr? -Tyrion hubiese preferido Dorne. “Myrcella es mayor que Tommen, según las leyes de Dorne el Trono de Hierro le pertenece. La ayudaré a reclamar su derecho, como el Príncipe Oberyn sugirió”.

Oberyn estaba muerto, sin embargo, su cabeza convertida en una ruina sangrienta por el guantelete de Ser Gregor Clegane. Y sin la Víbora Roja para insistirle, ¿llegaría Doran Martell a considerar una idea tan arriesgada? “En vez de eso, podría encadenarme y llevarme de vuelta con mi querida hermana.” El Muro sería más seguro. El Viejo Oso Mormont había dicho que la Guardia de la Noche necesitaba hombres como Tyrion. “Mormont puede estar muerto, sin embargo. Puede que Slynt sea ahora el Lord Comandante”. Ese hijo de un carnicero no habría olvidado quién lo envió al Muro. ¿Quiero pasarme el resto de mi vida comiendo carne salada y gachas con asesinos y ladrones?” Aunque el resto de su vida no sería muy largo. Janos Slynt se encargaría de eso.

El chico mojó el cepillo y restregó con fuerza.

-¿Has visitado las casas de placer de Lys? -le preguntó el enano-. ¿Puede ser donde van las putas? -Tyrion no conseguía recordar la palabra valyriana para “puta”, y en todo caso ya era demasiado tarde. El chico lanzó el cepillo al cubo y se marchó.

“El vino me ha embotado los sentidos”. Había aprendido a leer Alto Valyriano en las rodillas de su maestre, aunque lo que hablaban en las Nueve Ciudades Libres… bien, no era tanto un dialecto como nueve dialectos en camino de convertirse en lenguas distintas. Tyrion sabía algo de Braavosi y tenía nociones de Myriano. En Tyroshi era capaz de maldecir a los dioses, llamar tramposo a un hombre y pedir una cerveza, gracias a un mercenario que conoció en Roca Casterly. “Al menos en Dorne hablan la Lengua Común”. Como la comida dorniana y la ley dorniana, el habla dorniana estaba especiada con los aromas del Rhoyne, pero uno podía entenderla. “Done, sí, prefiero Dorne.” Anadeó hasta el camastro agarrando ese pensamiento como una niña a su muñeca.

El sueño nunca llegaba fácilmente a Tyrion Lannister. A bordo de ese barco rara vez llegaba, aunque de vez en cuando conseguía beber bastante vino para perder el sentido un rato. Al menos no soñaba. Ya había soñado bastante para una vida corta. “Y vaya estupideces: amor, justicia, amistad, gloria. Tan útil como soñar con ser alto.” No podría conseguir nada de eso, lo sabía. Pero no sabía a dónde van las putas.

-Al lugar de donde vienen las putas-, había dicho su padre. “Sus últimas palabras, y vaya palabras”. El arco silbó, lord Tywin se volvió a sentar, y Tyrion Lannister se encontró anadeando a través de la oscuridad con Varys a su lado. Debía haber entrado por el hueco otra vez, dos cientos treinta peldaños hasta donde ascuas naranjas brillaban en la boca de un dragón de piedra. No se acordaba de nada. Sólo del sonido del arco, y el hedor de los intestinos de su padre al soltarse. “Incluso muriendo, encontró una manera de cagarse en mí”.

Varys lo había guiado a través de los túneles, pero no hablaron hasta que salieron al lado del Aguasnegras, donde Tyrion había conseguido una célebre victoria y perdido una nariz. Entonces el enano se giró hacia el eunuco y le dijo:

-He matado a mi padre.

Con el mismo tono con el que un hombre podría decir, ”Me he dado un golpe en el dedo”. El maestro de los susurros vestía como un hermano pordiosero, ropa apolillada de tela basta con una cogulla que ensombrecía sus gordas mejillas lisas y su cabeza redonda y calva.

-No deberíais haber subido por esa escalera-, le reprochó.

-Adonde van las putas. -Tyrion le advirtió a su padre que no dijese esa palabra. “Si no hubiese disparado, se habría dado cuenta de que mis amenazas eran vacías. Me habría arrancado el arco de las manos, como una vez me arrancó a Tysha de entre los brazos. Ya se levantaba cuando lo maté.”

-También he matado a Shae- le confesó a Varys.

-Ya sabíais lo que era.

-Sí. Pero no sabía lo que era él.

Varys titubeó.

-Y ahora lo sabéis.

“También tendría que haber matado al eunuco”. Un poco más de sangre en las manos, ¿qué hubiese importado? No sabía qué había detenido su daga. No la gratitud. Varys lo había salvado de la espada del verdugo, pero sólo porque Jaime lo había obligado. “Jaime… no, mejor no pensar en Jaime.”

En vez de eso encontró un odre de vino, y lo chupó como si fuesen la teta de una mujer. El vino amargo cayó sobre su barbilla y le empapó la túnica sucia, la misma que llevaba en la celda. Chupó hasta que se acabó el vino. El suelo se mecía bajo sus pies, y cuando intentó levantarse se movió de lado y lo lanzó contra un mamparo. “Una tormenta” supuso, “o estoy más borracho de lo que creo”. El vino le dio arcadas y se estuvo así un rato, planteándose si la nave se hundiría.

“¿Es tu venganza, Padre? El Padre de Arriba te ha convertido en su Mano?”

-Es el precio de matar a un familiar- dijo mientras el viento aullaba en el exterior. No parecía justo ahogar al chico y al capitán y al resto de la tripulación por algo que no habían hecho, ¿pero desde cuándo los dioses eran justos? Y de nuevo pensando en eso, la oscuridad lo engulló.

Cuando pudo moverse de nuevo, la cabeza parecía arderle y el barco giraba en círculos mareantes, aunque el capitán insistía en que habían llegado a puerto. Tyrion le pidió que se estuviese quieto, y pataleó débilmente mientras un marinero enorme y calvo lo levantaba bajo un brazo y lo llevaba, retorciéndose, hasta la bodega, donde lo esperaba un barril de vino vacío. Era un barril pequeño y rechoncho, ajustado hasta para un enano. Tyrion forcejeó, pero no sirvió de nada. Acabó dentro del barril, la cabeza primero, con las rodillas apretadas contra sus orejas. El agujero que era su nariz le dolía horriblemente, pero tenía los brazos tan apretados que no llegaba a rascarse. “Un palanquín hecho para un hombre de mi estatura”, pensó mientras amartillaban la tapa y lo cargaban. Oyó gritos mientras lo sacaban. Cada movimiento hacía que su cabeza golpease contra el fondo del barril. El mundo giró y giró mientras el barril rodaba hacia abajo, luego se paró con un súbito choque que casi le hizo gritar. Otro barril golpeó contra el suyo, y Tyrion se mordió la lengua.

Fue el viaje más largo de su vida, aunque seguramente no duró más de media hora. Lo subieron y bajaron, lo giraron y apilaron, lo dejaron hacia arriba y hacia abajo y luego lo giraron de nuevo. A través de las barras de madera oía hombres gritando, y una vez un caballo relinchando cerca. Las piernas atrofiadas empezaron a dolerle, y pronto dolían tanto que olvidó el martilleo en la cabeza.

Acabó como había empezado, con otro empujón que lo dejó mareado y más atontado. Voces extranjeras hablaban fuera en una lengua que no conocía. Alguien empezó a martillear en lo alto del barril y la tapa se partió de repente. La luz inundó el barril, y luego el aire frío. Tyrion jadeó ansiosamente e intentó levantare, pero sólo consiguió tumbar el barril de lado y derramarse sobre un suelo de tierra compacta.

Sobre él se levantaba un grotesco hombre gordo con una barba amarilla partida en dos, sosteniendo un mazo de madera y un cincel de hierro. Sus ropas eran lo bastante grandes para servir de pabellón de un torneo, pero el cinturón se le había desatado, exponiendo un vientre enorme y un par de tetas pesadas que caían como sacos de sebo cubiertos de grueso vello amarillo. A Tyrion le recordó a una foca marina muerta que una vez acabó en las cavernas bajo Roca Casterly.

El hombre gordo miró hacia abajo y sonrió.

-Un enano borracho- dijo en la Lengua Común de Poniente.

-Una foca marina putrefacta-. La boca de Tyrion estaba llena de sangre. La escupió a los pies del hombre gordo. Estaban en una bodega oscura y larga con bóvedas en el techo, las paredes manchadas de nitre. Barriles de cerveza y vino los rodeaban, bebida más que suficiente para mantener a un enano sediento durante las noches. “O durante una vida.”

-Eres insolente. Me gusta eso en un enano. -Cuando el hombre gordo rió, sus carnes se balancearon tan fuerte que Tyrion temió que se cayese y lo aplastase-. ¿Tienes hambre, mi pequeño amigo? ¿Estás cansado?

-Sediento. -Tyrion se arrodilló penosamente-. Y sucio.

El hombre gordo olfateó.

– Un baño primero, eso sí. Luego comida y una cama blanda, ¿sí? Mis sirvientes se ocuparán de eso-. Su anfitrión dejó la maza y el cincel. -Mi casa es tuya. Y un amigo de mi amigo de más allá del agua es un amigo de Illyrio Mopatis, sí.

“Y cualquier amigo de Varys la Araña es alguien en quien confiaré hasta que pueda largarme.”

El hombre gordo cumplió su promesa del baño, al menos… aunque tan pronto como Tyrion se hundió en el agua caliente y cerró los ojos cayó dormido.

Se despertó desnudo en un cama rellena de plumas de oca tan suave y profunda que se sintió como si una nube lo acunara. Tenía la garganta áspera y sentía la lengua como si le creciesen pelos, pero tenía la polla tan dura como una barra de hierro. Rodó de la cama, encontró un orinal y empezó a llenarlo con un gemido de placer.

La habitación estaba oscura, pero había rendijas de luz del sol asomando a través de las tablillas de las contraventanas. Tyrion sacudió las últimas gotas y anadeó sobre alfombras Myrianas tan blandas como hierba reciente de primavera. Torpemente trepó al escalón de la ventana y empujó las contraventanas para ver adónde Varys y los dioses lo habían enviado.

Bajo la ventana seis cerezos permanecían como centinelas alrededor de un estanque de mármol, sus ramas esbeltas desnudas y marrones. Un chico desnudo permanecía en el estanque, preparado para un duelo con una espada bravoosi en la mano. Era pequeño, y guapo, no tenía más de dieciséis años, con pelo rubio y liso que le rozaba los hombros. Parecía tan lleno de vida que el enano tardó largo rato en darse cuenta de que estaba hecho de mármol pintado, aunque la espada brillaba como acero real.

De un extremo a otro del estanque había un muro de ladrillos de 4 metros de alto, con picas de hierro a lo alto. Detrás estaba la ciudad. Un mar de tejados se amontonaban alrededor de una bahía. Tyrion vio torres cuadradas de ladrillo, un gran templo rojo, una mansión lejana sobre una colina. A lo lejos resplandecían los rayos de sol sobre el mar abierto. Botes pesqueros se movían a través de la bahía, las velas tensándose con el viento, y pudo ver mástiles de barcos mayores apretándose a lo largo del puerto de la bahía. “Seguro que alguno va hacia Dorne, o hacia Guardiaoriente del Mar.” Pero no tenía medios para pagar el pasaje, ni podía ponerse a remar. “Supongo que podría contratarme como chico de cabina y ganarme el viaje dejando que la tripulación me follase a través del Mar Angosto.” Se preguntó dónde estaba. “Incluso el aire huele diferente aquí.” Especias extrañas perfumaban el aire fresco de otoño, y podía oír débiles gritos más allá del muro, de las calles que había cerca. Se parecía un poco al valyriano, pero no reconocía más de una palabra de cada cinco. “No es Braavos”, decidió, “ni Tyrosh.” Las ramas peladas y el frío en el aire decían que tampoco Lys ni Myr ni Volantis.

Cuando oyó la puerta abriéndose bajo él, Tyrion se giró para enfrentarse a su gordo anfitrión.

-Esto es Pentos, ¿verdad?

-Eso mismo. ¿Qué sino?

Pentos. Bien, al menos no era Desembarco del Rey.

-¿A dónde van las putas? -se oyó a sí mismo preguntar.

-Las putas aquí están en los burdeles, igual que en Poniente. No tendrás necesidad de eso, mi pequeño amigo. Escoge entre mis criadas. Ninguna se atreverá a rechazarte.

-¿Esclavas? -preguntó el enano, mordaz.

El hombre gordo se mesó una de las puntas de su barba amarilla y aceitosa, un gesto que Tyrion encontró marcadamente obsceno.

-La esclavitud está prohibida en Pentos, según los términos del tratado que los Braavosi nos impusieron hace un siglo. Sin embargo, no te rechazarán. -Illyrio le hizo una media reverencia-. Pero ahora mi pequeño amigo tiene que perdonarme. Tengo el honor de ser magíster de esta gran ciudad, y el príncipe nos ha convocado a una reunión. -Sonrió, mostrando una boca llena de dientes torcidos amarillos-. Puedes explorar la mansión y los subterráneos, pero no salgas más allá de estos muros. Es mejor que ningún hombre sepa que estuviste aquí.

-¿Estuve? ¿Me he ido a algún lugar?

-Tendremos tiempo de hablar de eso esta noche. Mi pequeño amigo y yo comeremos y beberemos y haremos grandes planes, ¿sí?

-Sí, mi gordo amigo -replicó Tyrion. “Quiere usarme para su propio beneficio”. Siempre se trataba de beneficios con los príncipes mercaderes de las Ciudades Libres. “Soldados de las especias y señores del queso”, los llamaba su padre con desdén. Si llegaba el día en que Illyrio Mopatis veía mayores beneficios en un enano muerto que en uno vivo, Tyrion se encontraría metido en otro barril al anochecer. “Sería mejor si me marchase antes de que llegue ese día” Que el día llegaría no lo dudaba; Cersei no era de las que olvidaban, y hasta Jaime podría haberse enfadado al encontrar una flecha en el vientre de Padre.

Un viento ligero ondeaba las aguas del estanque alrededor del espadachín desnudo. Le recordó cómo Tysha se acariciaba el cabello durante la falsa primavera de su boda, antes de que ayudase a los hombres de su padre a violarla. Había estado pensando en esos hombres durante su huida, intentando recordar cuántos hubo. Uno creería que debía recordarlo, pero no. ¿Una docena? ¿Una veintena? ¿Un centenar? No podía decirlo. Todos hombres mayores, altos y fuertes… aunque todos los hombres eran altos para un enano de trece años. “Tysha sabe cuántos eran”. Cada uno de ellos le había dado un venado de plata, así que sólo necesitaba contar las monedas. “Una de plata por cada uno de ellos y una de oro por mí.” Su padre había insistido en que él también pagase. “Un Lannister siempre paga sus deudas.”

-A donde van las putas- oyó decir a Lord Tywin una vez más, y una vez más la cuerda del arco silbó.

El magíster lo había invitado a explorar la mansión. Encontró ropas limpias en un baúl de cedro con incrustaciones de lapislázuli y madreperla. Mientras luchaba por ponérselas se dio cuenta de que habían sido tejidas para un niño pequeño. Su factura era lo bastante rica, aunque estaban algo rancias, pero el corte era demasiado largo de las piernas y demasiado corto de los brazos, con un cuello que le habría puesto la cara tan negra como la de Joffrey si de alguna manera no lo hubiese abierto. Al menos no apestaban a vómito.

Tyrion empezó su exploración por la cocina, donde dos mujeres gordas y un pinche lo miraron mansamente mientras cogía queso, pan e higos.

-Buenos días, encantadoras mujeres -dijo con una reverencia-. ¿Sabéis por casualidad a dónde van las putas?

Cuando no respondieron, repitió la pregunta en Alto Valyriano, aunque tuvo que decir cortesana en vez de puta. La más joven y más gorda de las cocineras se encogió de hombros.

Se planteó qué harían si las cogía de la mano y las arrastraba hasta su cama. “Ninguna te rechazará”, había alegado Illyrion, pero de algún modo Tyrion no creía que se refiriese a estas dos. La más joven era lo bastante vieja para ser su madre, y la mayor era seguramente la madre de la otra. Ambas estaban casi tan gordas como Illyrio, con tetas mayores que su cabeza. “Podría ahogarme en carne”, reflexionó. Había formas peores de morir. Como había muerto su padre, por ejemplo. “Tendría que haberle hecho cagar un poco de oro antes de expirar.” Lord Tywin había sido tacaño con su afecto y aprobación, pero siempre había sido generoso a manos llenas con el oro. “Lo único más triste que un enano sin nariz es un enano sin nariz que no tiene oro”.

Tyrion dejó a la mujer gorda con sus barras de pan y sus ollas y fue en busca de la bodega donde Illyrio lo había recibido la noche anterior. No fue difícil de encontrar. Había bastante vino para mantenerlo borracho durante cien años; dulces vinos de la marca y vinos fuertes de Dorne, pálidos Pentoshi de tono ámbar, el néctar verde de Myr, tres veintenas de barriles del oro de Arbor, incluso vinos del fabuloso este, de Meeren y Qart y Asshai de la Sombra. Al final, Tyrion se decidió por un barril de vino fuerte marcado como la cosecha privada de Lord Runceford Redwyne, el abuelo del actual Lord de Arbor. Su gusto era potente y fuerte en la lengua, el color un morado tan oscuro que incluso parecía negro en la oscura bodega. Tyrion llenó una copa, con una medida generosa, y lo llevó arriba, a los jardines, para beber bajo los cerezos que había visto.

Sin embargo, salió por la puerta equivocada y no pudo encontrar el estanque que había espiado desde la ventana, pero no importó. Los jardines detrás de la mansión eran igual de agradables, y mucho mayores. Vagó durante un rato por ellos, bebiendo. Los muros habrían avergonzado a un castillo de verdad, y las picas de hierro ornamentales que había a lo alto parecían extrañamente desnudas sin cabezas que las adornasen. Tyrion se imaginó cómo quedaría la cabeza de su hermana ahí arriba, con alquitrán en el pelo dorado y moscas entrando y saliendo de su boca. “Sí, y Jaime tendría que poner su pica detrás”, decidió. “Nadie debe interponerse entre mi hermana y mi hermano.”

Con una cuerda y unas picas podría pasar sobre el muro. Tenía los brazos fuertes y no pesaba mucho. Con una cuerda podría alcanzar las picas y encaramarse por encima. “Buscaré una cuerda por la mañana”, decidió.

Vio tres puertas durante sus vagabundeos; la entrada principal con su garita, una casita para los perros y la puerta de un jardín oculta tras una maraña de hiedra. La última estaba cerrada con una cadena, las otras dos, guardadas. Los guardias eran regordetes, sus rostros lisos como el culo de un bebé, y cada hombre llevaba un casco con una pica de bronce. Tyrion reconocía a los eunucos cuando los veía. Conocía a los de su tipo por su reputación. No temían nada y no sentían dolor, se decía, y eran leales a sus amos hasta la muerte. “Podía utilizar a unos cuantos centenares de los míos”, pensó Tyrion. “Lástima que no lo pensase antes de convertirme en un mendigo.”

Caminó a lo largo de una galería con columnas y a través de un arco puntiagudo, y se encontró en un patio embaldosado donde una mujer lavaba unas ropas en un pozo. Parecía de su misma edad, con el pelo rojo corto y un rostro claro salpicado de pecas.

-¿Te apetece un poco de vino? -le preguntó. Lo miró insegura. -No tengo copa para ti, tendremos que compartirlo. -La lavandera volvió a escurrir túnicas y colgarlas para que se secasen. Tyrion se sentó en un banco de piedra con su odre de vino. -Dime, ¿hasta qué punto puedo confiar en el magíster Illyrio? -El nombre la hizo levantar la cabeza-. ¿Tanto? -Riéndose, se cruzó de piernas y dio otro trago-. Soy difícil de usar sea cual sea la parte que el quesero tiene en mente para mi, ¿pero cómo puedo rechazarlo? Las puertas están guardadas. Tal vez tú podrías sacarme a escondidas bajo tus faldas? Te estaría tan agradecida, vaya, hasta me casaría contigo. Ya tengo dos esposas, ¿por qué no tres? Ah, ¿pero dónde viviríamos? -Le dedicó una sonrisa tan agradable como podía un enano sin nariz. -Tengo una sobrina en Lanza del Sol, ¿te lo he dicho? Podría organizar más de una travesura en Dorne con Myrcella. Podría enzarzar a mi sobrina y mi sobrino en una guerra, ¿no sería eso divertido? -La lavandera tendió una de las túnicas de Illyrio, lo bastante grande para usarla como una vela.- Debería avergonzarme de tener esos pensamientos malvados, tienes razón. Mejor si voy hacia el Muro. Todos los crímenes se limpian cuando un hombre se une a la Guardia de la Noche, dicen. Aunque me temo que no me permitirían conservarte, preciosa. Ninguna mujer en la Guardia, no dulces mujeres pecosas para calentarte la cama por la noche, sólo vientos fríos, bacalao salado y poca cerveza. ¿Crees que pareceré más alto de negro, mi señora? -Se volvió a llenar la copa-. ¿Qué dices? ¿Norte o sur? ¿Debo compensar viejos pecados o cometer algunos nuevos?

La lavandera le dirigió una última mirada, cogió su cesta y se fue. “Parece que no puedo mantener una esposa por mucho tiempo”, pensó Tyrion. De alguna forma, su odre se había quedado seco. “Tal vez debería tropezar de nuevo con esa bodega.” El vino fuerte estaba haciendo que su cabeza girase, sin embargo, y las escaleras hacia la bodega estaban muy lejos.

-¿A dónde van las putas? -le preguntó a la ropa tendida en línea. Tal vez debería habérselo preguntado a la lavandera. “No quiero decir que seas una puta, preciosa, pero tal vez sabes a dónde van.” O aún mejor, tendría que habérselo preguntado a su padre.

-A donde sean que vayan las putas- había dicho Lord Tywin. “Me quería. Era la hija de un granjero, me quería y se casó conmigo, confió en mí.” El odre vacío se le escapó de las manos y rodó por el patio.

Haciendo una mueca, Tyrion saltó del banco y fue a recogerlo, pero mientras lo hacía vio algunas setas que crecían en una grieta entre las baldosas del suelo. Eran de un blanco pálido, con motas, y ribetes rojos tan oscuros como la sangre bajo la cabeza. El enano arrancó una y la olió. Deliciosas, pensó, o letales. ¿Pero cuál? ¿Por qué no ambas? No era un hombre lo bastante valiente para clavarse acero frío en el vientre, pero un mordisco de una seta no era tan difícil. Había siete de esas setas, vio. Tal vez los dioses intentaban decirle algo. Las cogió todas, destendió un guante, las envolvió con cuidado y se las metió en el bolsillo. El esfuerzo lo dejó mareado, sin embargo, así que luego anadeó de nuevo hasta el banco, se hizo un ovillo y cerró los ojos.

Cuando se despertó de nuevo, estaba de vuelta en su habitación, ahogándose en el lecho de plumas de ganso mientras una chica rubia lo sacudía por el hombre.

-Mi señor -le dijo-, el baño está preparado. El magíster Illyrio os espera en su mesa en una hora.

Tyrion se recostó contra las almohadas con la cabeza entre las manos.

-¿Sigo soñando, o hablas la Lengua Común?

-Sí, mi señor. Me han traído para satisfacer al rey. -Tenía los ojos azules y era rubia, joven y esbelta.

-Seguro que sí. Necesito una copa de vino.

Ella se lo sirvió.

-El Magíster Illyrio dice que debo rascaros la espalda y calentar vuestra cama. Mi nombre-….

-No me interesa. ¿Sabes adónde van las putas?

Ella enrojeció.

-Las putas a sí mismas se venden por dinero.

-O joyas, o vestidos, o castillos. ¿Pero adónde van?

La joven no entendió la pregunta.

-¿Es un acertijo, mi señor? No se me dan bien. ¿Me diréis la respuesta?

“No”, pensó. “Yo también detesto los acertijos”.

-No te diré nada. Hazme el mismo favor. -“La única parte de ti que me interesa es la que está entre tus piernas”, iba a decirle. Tenía las palabras en la boca, pero por algún motivo no atravesaron sus labios. “No es Sahe”, se dijo el enano a sí mismo, “sólo alguna pequeña idiota que cree que juego a las adivinanzas”. De hecho, ni siquiera su coño le interesaba demasiado. “Debo de estar enfermo, o muerto”. -¿Has mencionado un baño? Muéstramelo. No debemos hacer esperar al quesero.

Mientras se bañaba, la chica le lavó los pies, le frotó la espalda y le peinó el cabello. Luego lo untó las pantorrillas con una pomada aromática para mitigarle el dolor, y lo vistió otra vez con ropa de niño, unos pantalones color burdeos y un vestido azul con rayas de hilo de oro.

-¿Me necesitará mi señor después de comer? -le preguntó mientras le ataba las botas.

-No. Ya he acabado con las mujeres-. Putas.

La chica se tomó la decepción demasiado bien para su gusto.

-Si mi señor prefiere un chico, puedo tener uno esperando en el lecho.

Mi señor preferiría a su esposa. Mi señor preferiría a una chica llamada Tysha.

Sólo si sabe adónde van las putas.

La boca de la chica se atirantó. “Me desprecia”, se dio cuenta, “pero no más de lo que yo me desprecio a mí mismo”. Tyrion Lannister no dudaba de que se había follado a muchas mujeres que detestaban siquiera verlo, pero las otras al menos tenían la cortesía de fingir afecto. Un poco de odio honesto podía ser refrescante, como un vino agrio tras demasiado dulce.

-Creo que he cambiado de idea -le dijo-. Espérame en la cama. Desnuda, por favor. Espero estar demasiado borracho para hurgar entre tus ropas. Mantén la boca cerrada y los muslos abiertos y los dos nos llevaremos perfectamente. -Le dirigió una mirada lasciva, esperando algo de temor, pero todo lo que vio fue repulsión. “Nadie teme a un enano.”Ni siquiera Lord Tywin había tenido miedo, pese a que Tyrion sostenía un arco entre las manos. -¿Gimes mientras te están follando? -le preguntó a la calientalechos.

-Si mi señor lo desea.

-Tu señor podría desear estrangularte. Así es como utilicé a mi última puta. ¿Crees que tu amo protestaría? Seguro que no. Tiene a un centenar más como tú, pero a nadie más como yo. -Esta vez, cuando ella sonrió, Tyrion obtuvo el miedo que quería.

Illyrion estaba recostado en un diván acolchado, tragando pimientos picantes y cebollas de un cuenco de madera. Tenía la frente perlada de gotas de sudor, los ojos de cerca brillando sobre las gordas mejillas. Las joyas danzaban cuando movía las manos: ónice y ópalo, ojo de tigre y turmalina, rubí, amatista, zafiro, esmeralda, azabache y jade, un diamante negro y una perla verde. “Yo podría vivir durante años de sus anillos”, pensó Tyrion, “aunque necesitaría una cuchilla para cogerlos”.

-Acércate y siéntate, mi pequeño amigo -Illyrio le hizo gestos para que se acercase.

El enano se encaramó a una silla. Era demasiado grande para él, un trono con almohadones preparado para acomodar las enormes nalgas del magíster, con patas gruesas y sólidas para sostener su peso. Tyrion Lannister había vivido toda la vida en un mundo que era demasiado grande para él, pero en la mansión de Illyrio Mopatis el sentido de la desproporción alcanzaba dimensiones grotescas. “Soy un ratón en la guarida de un mamut”, se planteó, “pero al menos el mamut tiene una buena bodega”. El pensamiento le hizo tener sed. Pidió vino

-¿Habéis disfrutado de la chica que os envié? -preguntó Illyrio.

-Si hubiese querido una chica os habría pedido una. Me falta la nariz, no la lengua.

-Si no ha podido complaceros…

-Ha hecho todo lo que le he pedido

-Eso espero. Fue entrenada en Lys, donde han hecho un arte del amor. Y habla vuestra Lengua Común. El rey la disfrutó enormemente.

-Yo mato reyes, ¿no lo habéis oído? -Tyrion sonrió malvadamente sobre su copa de vino-. No quiero los restos reales.

-Como deseéis. Comamos. -Illyrio aplaudió y unos criados llegaron corriendo.

Empezaron con un caldo de cangrejo y rape, y sopa fría de huevo y lima. Luego llegaron codornices con miel, espalda de cordero, hígados de oca bañados en vino chirivías de mantequilla y cerdo en su jugo. Ver todos esos platos hizo que Tyrion se sintiese mareado, pero se obligó a probar una cucharada de sopa por mera educación, y tras probarla ya estuvo perdido. Las cocineras podían ser viejas y gordas, pero sabían hacer su trabajo. Nunca había comido tan bien, ni siquiera en la corte.

Mientras sorbía la médula de los huesos de una codorniz, le preguntó a Illyrio por las citas que había atendido por la mañana. El hombre gordo se encogió de hombros.

-Hay problemas en el este. Astapor ha caído, y Meereen. Ciudades de esclavos ghiscarias que ya eran viejas cuando el mundo era joven.

El cerdo en su jugo estaba trinchado. Illyrio cogió unos cuantos chicharrones, los hundió en salsa de ciruela y los comió con los dedos.

-La Bahía de los Esclavos está a un largo camino de Pentos -dijo Tyrion mientras pinchaba un hígado de oca con el cuchillo. “No hay ningún hombre tan maldito como el que mata a los de su sangre”, se recordó a sí mismo, sonriendo.

-Así es -asintió Illyrio-, pero el mundo es una gran telaraña, y ningún hombre puede tocar una sola hebra sin hacer que las otras tiemblen-. Volvió a dar palmadas-. Vamos, comed.

Los criados trajeron una garza rellena de higos, chuletas de ternera blanqueadas con leche de almendras, arenques de color crema, cebollas caramelizadas, quesos de olor nauseabundo, platos de caracoles y pan dulce, y un cisne negro aún con plumas. Tyrion rechazó el faisán, que le recordaba a una cena con su hermana. Se sirvió garza y arenques, sin embargo, y unas pocas cebollas caramelizadas. Y los criados le llenaban la copa cada vez que la vaciaba.

-Bebéis mucho vino para ser un hombre tan pequeño.

-Matar a los de tu propia sangre es un trabajo árido. Le provoca a uno sed.

Los ojos del hombre gordo relucieron como las gemas de sus dedos.

-Algunos en Poniente dirían que matar a Lord Lannister fue simplemente un buen comienzo.

-Mejor que no lo digan donde mi hermana pueda oírlo, o perderán la lengua. -El enano partió una barra de pan por la mitad-. Y vos mejor que tengáis cuidado con lo que decís de mi familia, magister. Haya matado a los de mi sangre o no, aún soy un león.

Eso pareció divertir al señor del queso sin límite. Se palmeó un muslo carnoso y dijo:

-Todos los de Poniente sois iguales. Bordáis una bestia en un pedazo de seda, y de repente sois leones o dragones o águilas. Puedo llevaros hasta un león de verdad, mi pequeño amigo. El príncipe está muy orgulloso de su zoo. ¿Os gustaría compartir jaula con él?

“Los Lores de los Siete Reinos hacen demasiado caso de sus emblemas”, tuvo que admitir Tyrion.

-Muy bien -admitió-. Un Lannister no es un león. Sin embargo aún soy el hijo de mi padre, y a Jaime y a Cersei los mataré yo.

-Qué extraño que mencionéis a vuestra rubia hermana -dijo Illyrio, entre caracol y caracol-. La reina ha ofrecido un título al hombre que le lleve vuestra cabeza, no importa lo bajo que sea su nacimiento.

No era menos de lo que Tyrion había esperado.

-Si esperáis ocuparlo, haced también que ella se os abra de piernas. Mi mejor parte a cambio de su mejor parte, eso es un trato justo.

-Preferiría mi propio peso en oro-. El quesero se rió tan fuerte que Tyrion tuvo miedo de que se rompiese e inundase a su invitado en anguilas y dulces a medio digerir-. Todo el oro de Roca Casterly, ¿por qué no?

-El oro os lo garantizo -dijo Tyrion-, pero la Roca es mía.

-Eso mismo-. El magíster se cubrió la boca y lanzó un fuerte eructo-. ¿Creéis que el Rey Stannis os la dará? Me han dicho que es un hombre de ley. Podría concederos Roca Casterly, ¿no es así? Vuestro hermano lleva la capa blanca, así que según las leyes de Poniente sois el heredero de vuestro padre.

-Stannis podría concederme la Roca -admitió Tyrion-, pero también está ese pequeño asunto de regicidio y matar a mi sobrino. Por eso me rebajaría la altura en una cabeza, y ya soy lo bastante bajo ahora. ¿Pero por qué pensáis que me uniría a Lord Stannis?

-¿Por qué otra razón iríais al Muro?

-¿Stannis está en el Muro? -Tyrion se rascó la nariz-. ¿Qué demonios está haciendo Stannis en el Muro?

-Tiritar. Eso creo. Dorne es más cálido. Tal vez debería haber navegado por ese camino.

Tyrion empezó a sospechar que cierta lavandera pecosa sabía más de la Lengua Común de lo que fingía.

-Resulta que mi sobrina Myrcella está en Dorne. Y tengo a medio pensar un plan para convertirla en reina.

Illyrio sonrió mientras sus criados llenaban tazones de cerezas negras con crema para ambos.

-¿Qué os ha hecho esa pobre niña, para que deseéis su muerte?

-Ni siquiera el que mata a alguien de su sangre tiene que matar a toda su familia -dijo Tyrion, molesto-. Coronarla, he dicho. No matarla.

El quesero comió unas cerezas con su cuchara.

-En Volantis utilizan una moneda con una corona en una cara y la cabeza de la muerte en la otra. Pero es la misma moneda. Coronarla es matarla. Puede que Dorne se alce por Myrcella, pero Dorne solo no es suficiente. Si sois tan listo como nuestro amigo insiste, lo sabéis.

Tyrion miró al gordo con renovado interés. “Tiene razón en ambas cosas. Coronarla es matarla. Y lo sé.”

-Sólo me quedan gestos inútiles. Éste haría que mi hermana derramase lágrimas amargas, al menos.

El magíster Illyrio se limpió la crema de la boca con el dorso de su gorda mano.

-El camino a Roca Casterly no pasa por Dorne, mi pequeño amigo. Ni corre junto al Muro. Y sin embargo existe, os lo aseguro.

-Soy un traidor confeso, un regicida y alguien que mata a los de su sangre-. La charla sobre caminos lo molestó. “¿Se cree que esto es un juego?”

-Lo que hace un rey, otro puede deshacerlo. En Pentos tenemos un príncipe, amigo. Preside las fiestas y banquetes y pasea por la ciudad en un palanquín de marfil y oro. Tres heraldos le preceden con las balanzas del comercio, la espada de hierro de la guerra, y el azote de plata de la justicia. El primer día de cada año tiene que desflorar a la doncella de los campos y a la doncella de los mares. -Illyrio se inclinó hacia adelante, los codos sobre la mesa-. Pero si perdemos una cosecha o una guerra, le cortamos la garganta para apaciguar a los dioses, y escogemos un nuevo príncipe entre las cuarenta familias.

Tyrion resopló por el agujero que era su nariz.

-Recordadme que nunca me convierta en el Príncipe de Pentos.

-¿Tan diferentes son vuestros Siete Reinos? No hay paz en Poniente, ni justicia, ni fe… pronto no habrá ni comida. Cuando los hombres mueren de hambre y están enfermos de miedo, buscan a un salvador.

-Pueden buscar, pero si lo único que encuentran es a Stannis…

-Stannis no. Ni Myrcella. Otro. -La sonrisa amarilla se ensanchó-. Otro. Más fuerte que Tommen, más suave que Stannis, con más derechos que Myrcella. Un salvador llegado de más allá del mar para vendar las heridas de Poniente.

-Bonitas palabras -Tyrion no estaba impresionado-. Pero las palabras se las lleva el viento. ¿Quién es ese maldito salvador?

-Un dragón. -El quesero miró la cara que había puesto Tyrion y se rió-. Un dragón de tres cabezas.

Para descargarlo en formato Word, aquí 😉

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Biblioteca Anne Rice de Planeta DeAgostini

enero 5, 2009 at 8:14 pm (Uncategorized) ()


Planeta DeAgostini ha sacado a la venta una colección de libros que compone la Biblioteca Anne Rice. La verdad es que en este tipo de colecciones todo son desventajas, creo que lo único que las salva es su “reducido” precio, ya que los libros son de buena calidad física y en comparación con lo que te pueden costar en una tienda, te ahorras bastante. Por ejemplo, la entrega que trae Entrevista con el vampiro cuesta 7’99 €, mientras que en la Casa del Libro podemos encontrar el mismo libro (mismas condiciones, tapa blanda) por 10 €.

Pero los puntos malos eclipsan al bueno. Para empezar, dependes de acordarte de comprarlos, ir a la librería y, por supuesto, que los tengan. Esto se puede subsanar dejándolos encargados (como voy a hacer yo) porque tengo confianza con la librera, o suscribiéndote, como hice yo en su momento con la Biblioteca Tolkien, que la tengo completa.
Otra cosa mala es el orden de las entregas. Está hecho a muy mala leche, pocas colecciones te las dan en orden (la de Tolkien sí), pero yo comencé a hacer la colección de la Dragonlance, en la que tenía muchas esperanzas, y el orden de entrega era horroroso; una semana te daban el primero de las Crónicas y a lo mejor a la siguiente el tercero de las Leyendas. Lo que yo hice cuando vi en la web el orden fue apuntarme en un papel las entregas que quería (porque obviamente no me iba a hacer toda la colección por falta de dinero y, sobre todo, de espacio) y entregárselo a mi librera, y cada 15 días iba a ver si había algo para mí.
Por último, lo peor de este tipo de colecciones es que las cancelan cuando no venden lo esperado, de tal forma que te toca comerte los libros que ya tienes y aguantarte o completar la colección con los mismos libros de otra editorial, lo cual queda fatal la verdad. Esto fue lo que me pasó a mí con la colección de la Dragonlance. Por suerte logré tener la trilogía de las Crónicas y la de las Leyendas, y también Los hermanos Majere, pero me fastidió mucho porque había libros que sí quería (como Kitiara Uth-Matar).

Realmente, mi intención con esta entrada no era ponerme a criticar, pero es que ya me sale solo (me han dicho que tengo que desarrollar mi espíritu crítico, así que es bueno xD).
Lo que yo quería hacer es hablar un poquito de la colección y dar algo de información. Hoy me he comprado la primera entrega, que siempre es muy bonita por lo barata que es, y ha sido Las brujas de Mayfair por la módica cantidad de 3’99 €, un regalo casi la verdad. Las siguientes entregas creo que van a costar 4 € más caras, en total 7’99 €, que no es una ganga pero tampoco una estafa porque físicamente los libros están muy bien. Son de tamaño estándar y tapa blanda, hojas resistentes y letra muy cómoda para leer. Os enseño unas fotillos de mi ejemplar (clic para ver en grande):

Portada, como veis la ilustración es bastante bonita. Las letras de Anne Rice están en relieve.

Contraportada con sinopsis del libro.

Detalle del canto del libro. Las siglas AR (Ana Rosa xD) están en relieve.

Una hoja del libro.

La colección constará de los siguientes volúmenes:

Crónicas vampíricas.

  • Entrevista con el vampiro.
  • Lestat el vampiro.
  • El ladrón de cuerpos.
  • La reina de los condenados.
  • Armand, el vampiro.
  • Merrick.
  • Memnoch, el diablo.
  • Sangre y oro.
  • Cántico de sangre.

Las brujas de Mayfair.

  • La hora de las brujas.
  • La voz del diablo.
  • Taltos.

Otros títulos de la colección.

  • Pandora.
  • Vittorio, el vampiro.
  • El Mesías. El niño judío.
  • La momia o Ramsés el condenado.

Por supuesto, el orden de entrega no va a ser tan bonito como éste. A mí sólo me interesa la trilogía de Las brujas de Mayfair, y tal vez compre los otros títulos, pero paso de las Crónicas. Por lo visto, la segunda entrega va a ser La voz del diablo pero, mi gozo en un pozo, hasta la quinta entrega no podré completar mi trilogía 😦

Si os interesa, podéis ver la lista de entregas aquí clicando en “Lista de entregas” (obviamente jeje).

Feliz noche de Reyes, que os traigan muchas cositas 🙂

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Mis lecturas de 2008

enero 2, 2009 at 7:24 pm (Uncategorized) (, )

Este post debería haberlo escrito ayer, pero por falta de tiempo y documentación (mi libretita donde apunto cada libro que me leo) no lo pude hacer. Mi intención con este post es hacer un balance de los libros que me he leído a lo largo del 2008 y tenerlos siempre aquí, comentarlos y, por qué no, recomendarlos. Sin duda, los autores estrella han sido dos tocayos, George Orwell y George R. R. Martin, ya que este año los he descubierto a ambos y me han enriquecido mucho con su prosa, cada cual a su manera, pero muy gratamente.
Algunos libros ya los he ido comentando a lo largo del año y les he dedicado un post exclusivamente, se lo mereciesen (la mayoría) o no. Me hubiera gustado dedicar una actualización a El club Lovecraft, El niño con el pijama de rayas y 1984, pero no tuve tiempo. Aún así lo haré a lo largo del 2009, pues aunque no hayan sido santo de mi devoción la mayoría, creo que se merecen más que unas cuantas palabras en este post, aunque sólo sea por el tiempo que invertí leyéndolos.
Creo que me estoy extendiendo mucho, y es que cuando hablo de libros no hay quien me pare jajaja.
Esta es mi lista de libros leídos durante el 2008, un total de 26, cifra que me gustaría superar este año aunque no lo veo muy factible.

El rumor de la montaña, Yasunari Kawabata. Comencé el año con algo inusitado: literatura japonesa. Una excelente joya del Premio Nobel de Literatura de 1968. Ya hablé de él aquí, y ahora sólo me queda decir que guardo un precioso recuerdo de este libro y que su autor, Kawabata, está en mi lista de autores pendientes.

La sangre de los inocentes, Julia Navarro. Poco tengo que decir ahora, todo lo que quería decir ya lo hice aquí. Esperaba algo más de originalidad de la autora porque sus anteriores libros me gustaron bastante, pero me defraudó completamente (por suerte me compré la edición de bolsillo xD).

El juego del ángel, Carlos Ruiz Zafón. Sin duda fue uno de los libros más esperados del 2008, la “continuación” de La sombra del viento, libro que me encantó. Como con los dos anteriores, ya hablé de él aquí. A pesar de todo lo que digo, guardo un buen recuerdo de él. Poca originalidad, sí, pero cuando algo es bueno la innovación queda relegada a un segundo plano.

Lolita, Vladimir Nabokov. Más que una lectura, fue una relectura. Es de esos libros que no te cansas de leer y que cada vez gusta más por encontrarle nuevos matices ocultos. Es uno de mis libros favoritos por la excelente prosa y lo controvertido que es. Marcó un hito en la historia de la literatura e incluso fue llevado al cine por el gran Stanley Kubrick. Totalmente recomendado y me arriesgo a decir que no defrauda a nadie que lo disfruta.

El diablo en los ojos, Jesús Ferrero. Era un libro que tenía aparcado, olvidado en un rincón, y por probar algo nuevo me dio por leerlo, ¡y cómo agradezco a mi curiosidad que me llevase por ese camino! Me encantó, aquí lo comento más extensamente.

El peso de las sombras, Ángeles Caso. Creo que este libro es de esos que, o bien lo amas, o bien lo odias. En mi caso fue lo segundo, aunque tampoco tan drásticamente. No lo odio, y la verdad es que me gustaría leerlo dentro de unos años, tal vez en mis tiernos 40 jaja, que creo que en esa época sí lo disfrutaré, cuando tenga menos pájaros, dragones y reyes en la cabeza. Aquí lo comento, aunque no recomiendo nada esa entrada.

Juego de tronos y Choque de reyes, George R. R. Martin. Primera y segunda entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego, que muy gratamente comencé a leer y ahora no vivo sin ella. Puedo decir que los devoré en muy poco tiempo y me quedé con ganas de más. Posteriormente comencé con la tercera entrega, pero de esa ya hablaré más adelante ya que es el libro con el que despedí el 2008. Una saga completamente recomendada, Martin se ha convertido en uno de mis dioses particulares.

Montado en la bala, Stephen King. Después de casi un año sin leer a Stephen King, retomé mi oscura pasión por este escritor con este pequeño gran libro. Me gustó mucho e incluso vi la película (para nada recomendada). Aquí está comentado como se merece.

Tribus urbanas, Lola Delgado y Daniel Lozano. Lo cogí de la biblioteca buscando una lectura rápida, amena y divertida, pero fue pesada y sin ninguna gracia. Al final lo aborrecí tanto que ni me lo leí entero, después de leer las sandeces que decía sobre góticos, frikis y demás. Es mi vergüenza “literaria” de 2008 xD.

Venidos del miedo, Julián Sánchez Caramazana. Una excelente recopilación de microcuentos que me encantó en su mayor parte. Además, mi alegría fue enorme cuando vi que su autor, Julián Sánchez, tuvo el gran gesto de pasarse por mi blog, leerse mi opinión, ¡y comentarme! Me hizo muchísima ilusión y es un gesto que dice mucho del escritor ^^. Aquí está comentado.

La cabeza reducida, El fantasma aullador, Horror en Jellyjam y La venganza de los gnomos, R. L. Stine. Una tarde en la que estaba demasiado aburrida y cansada de estudiar decidí leer algo muy ligero y rápido entre estudio y estudio, de modo que retomé mi “pasión” por los libros de Pesadillas, con los que crecí. Una hora para leer cada uno, en total 4 horillas muy entretenidas, y es que lo bueno que tienen estos libros es que son bastante interesantes y dejan un buen sabor de boca.

Manolito Gafotas, Elvira Lindo. Otro libro muy ligerito con el que me reí muchísimo. He leído unos tres o cuatro libros de este simpático niño y siempre los disfruto igual, muchas risas y una sensación muy buena después de terminarlos.

Cuentos, Edgar Allan Poe. Como siempre, una delicia leer a este autor. En esta ocasión disfruté mucho de sus cuentos, y aquí los comento de forma más extensa.

La conspiración, Dan Brown. Bueno, ya que me leí El código Da Vinci y Ángeles y demonios y no me disgustaron, decidí darle una nueva oportunidad a Dan Brown y este libro, pero parece que a la tercera va la vencida y consiguió defraudarme. Después de leer este libro dudo mucho que vuelva a leer algo de Dan Brown, aunque nunca se sabe porque soy muy curiosa, y ya se dice… la curiosidad mató al gato :D. Aquí más comentado.

Rebelión en la granja, George Orwell. Después de tanto oir hablar de este escritor y leer sobre él, me decidí a comprobar por mí misma lo genio que era, y elegí para comenzar con esta obra porque era cortita y en el blog de Krys leí una crítica muy buena sobre él. Gracias a ella me aficcioné a este escritor y con el buen sabor de boca que me dejó este libro me leí otros dos de él. Aquí podéis ver mi propia opinión, un tanto desarrollada la verdad, pero es que me caló muy hondo el libro.

Muertos o algo mejor, Violeta Hernando. Fue una gran sorpresa cuando me topé con este libro en la biblioteca, y es que di con él por casualidad. Buscaba un libro nuevo y corto, así que me recorrí los estantes y cuando leí el título me llamó la atención, lo cogí, leí la sinopsis y lo saqué. En apenas hora y media me lo había leído y me gustó bastante. Aquí podéis leer mi impresión.

La hija del reverendo, George Orwell. El segundo libro que me leí de George Orwell, mi reciente descubrimiento, y no sabría decir si me gustó más o menos que Rebelión en la granja, yo creo que igual, cada uno a su manera. Ahora mismo sólo puedo decir que me encantó y que lo recomiendo muy y mucho, parece que lo más conocido de Orwell es Rebelión en la granja y 1984 y por ello quiero dar a conocer éste. Aquí lo comenté en su momento.

El club Lovecraft, Antonio Lázaro. No sé que me hizo decantarme por este libro, ¿tal vez fue leer en letras bien grandes Lovecraft? Para mí que fue eso… me arrepiento mucho de haber leído este libro porque no me aportó nada y los cuatro días que invertí para leerlo los podría haber aprovechado leyendo otra cosa. No me gustó nada, me resultó sumamente pesado y fantasioso, y nada logró engancharme. Sin embargo, me gustaría despotricar a gusto de él, así que próximamente escribiré una entrada en condiciones.

1984, George Orwell. El tercer libro de mi particular maratón de George Orwell. La verdad es que fue el que menos me gustó, lo cual no quiere decir que no me agradase, todo lo contrario. Tengo pendiente también hablar más a fondo de él, así que de momento sólo digo que lo recomiendo ferviertemente.

La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela. Pues creo que a nadie sorprendo si digo que Cela es mi autor favorito en lengua española y que disfruto con sus libros más que en un parque de atracciones. Si a todo le sumamos que La familia de Pascual Duarte es mi obra favorita la recomendación está clara. Este año me apetecía releerlo porque siempre me ha encantado desde que lo descubrí en bachillerato.

El niño con el pijama de rayas, John Boyne. Al final caí con el dichoso libro, tanto verle en el metro, en la uni, en el bus… ¡hasta en la sopa! Y para colmo la película. Pues como bien dije antes, “la curiosidad mató al gato” y en mi caso lo torturó y lo mató. No me gusto nada, me resultó aburrido, el tema está sobreexplotado y ya cansa, y para colmo no me gusta la forma en la que está narrado, no me resulta nada entrañable. No sé que le ve la gente, la verdad.

Tormenta de espadas (tomo I), George R. R. Martin. Por fin la tercera entrega de Canción de Hielo y Fuego, dividida en dos libros. En 2008 sólo me dio tiempo a terminar el tomo I, y tengo que decir que de los tres que llevo leídos de la saga es el que más me ha gustado. La verdad es que esta saga me ha robado el corazón, estoy deseosa de terminar con Festín de cuervos y leer A dance with dragons en cuanto salga (por algo una de mis metas para este año es mejorar mi inglés ;P).


Pensé que no terminaba nunca jejeje. Actualmente estoy leyendo el tomo II de Tormenta de Espadas, me queda muy poquito para terminarlo. De momento tengo en mi lista para 2009 El ocho de Katherine Neville, Los cuentos de Beedle el Bardo de J. K. Rowling y todos los libros que tengo pendientes de otros años y aún no los he tocado (entre los que está uno de Manfredi :D). Me gustaría también leer algo de Cormac McCarthy, así como cualquier recomendación queme hagáis.
Mañana trataré de escribir una entrada igual que ésta pero con las series que he visto en 2008 ;). De películas no lo hago porque ya las he ido poniendo progresivamente, al menos las más reseñables.

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Muere Harold Pinter, Nobel de Literatura 2005

diciembre 26, 2008 at 6:55 pm (Uncategorized) (, )


Uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX, Harold Pinter, ha muerto después de una larga enfermedad el día de Nochebuena.

Tras conocer que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura en 2005 declaró “Estoy muy conmovido. Es algo que no esperaba para nada en ningún momento”.

Aquí os dejo su bibliografía.

DEP

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Los cuentos de Beedle el Bardo ya a la venta

diciembre 6, 2008 at 2:37 pm (Uncategorized) ()


Por fin el nuevo libro de J.K Rowling está a la venta. Los Cuentos de Beedle el Bardo aparecen mencionados en la última entrega de Harry Potter, con el cuento de los tres hermanos.
En este volumen se incluyen las siguientes historias:

  • El mago y el cazo saltarín.
  • La fuente de la buena fortuna.
  • El corazón peludo del hechicero.
  • Babbitty Rabbitty y su Tocón Carcajeante.
  • El cuento de los tres hermanos.

En la Casa del Libro podéis conseguirlo por 10 euros. Cuando lo tenga comentaré algo sobre él.

¡Que tengáis buen puente!

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La hija del reverendo, George Orwell

noviembre 26, 2008 at 8:34 pm (Uncategorized) (, )

  • Título: La hija del reverendo.
  • Autor: George Orwell.
  • Año de publicación: 1935.
  • Número de páginas: 300.
  • Editorial: Alianza Editorial.
  • ISBN: 84-206-1285-5.

Es el segundo libro que leí de George Orwell. Tras maravillarme con Rebelión en la granja decidí profundizar un poco más con este autor. Tal vez debería haberme leído otro libro diferente antes de comenzar con La hija del reverendo, porque comparado con el nivel de Rebelión en la granja éste resulta un tanto complejo, bien se nota el público al que van dirigidos cada uno de ellos.

En La hija del reverendo sufrimos con la historia de Dorothy Hare, la única hija del reverendo del pequeño pueblo de Suffolk, una hija amante y obediente de su insensible y malhumorado padre viudo. La mayor parte de su tiempo lo dedica a satisfacer los mandatos de su padre, aunque éstos conlleven que tenga que pelearse con medio pueblo por culpa de las deudas contraídas, y organizar reuniones benéficas. Su único amigo es el incorregible Sr. Warburton, un hombre maduro y bastante golfo al que no le importan las habladurías y rumores que corren sobre él en el pueblo. Una noche, la ingenua Dorothy acepta la invitación de este “galán” para cenar en su casa, creyendo que él ha invitado a un renombrado escritor, pero todo resulta ser una trampa, algo muy usual con el señor Warburton. En el camino de regreso a casa, éste trata de besarla, con tan mala fortuna que la señora Semprill, vecina de él, los ve, con lo cual al día siguiente todo el pueblo piensa lo peor de Dorothy gracias a la viperina lengua de la amable señora.

Dorothy amanece en Londres con poco más que su ropa y amnésica. Sólo va recobrando su memoria cuando ve una imagen suya en un anuncio, en el que se dice que la hija del reverendo de un pueblecito está desaparecida.

Poco a poco, iremos viviendo las peripecias de Dorothy para ganarse la vida, sufriremos con ella, nos emocionaremos con sus andanzas y, finalmente, veremos cuán entrañable puede llegar a resultar su desenlace.

Cuando llegas al punto culmen del libro, el momento en el que Dorothy aparece fuera de casa, no puedes evitar pensar en la Dorothy de “El mago de Oz“. A diferencia de la pequeña Dorothy y su mundo mágico, nuestra protagonista se encuentra en la sombría Inglaterra de finales de la era industrial, un lugar en el que las clases sociales más bajas lo tienen muy crudo para vivir.

Es una historia de aventuras de una joven que lucha por su supervivencia, pero, como he podido ir comprobando a medida que voy leyendo a Orwell (tras leer Rebelión en la granja y el libro que me ocupa ahora, La hija del reverendo, me deleité con 1984), lo que subyace es una profunda crítica a la situación social de las clases bajas de Inglaterra. Orwell también incorpora algunas técnicas de estilo en su ficción no exploradas antes. La escena donde Dorothy está tratando de sobrevivir en las calles está escrita en forma de diálogo dramático, creando una mayor y espectacular intimidad que se transmite al lector. Al igual que la Dorothy de Kansas, nuestra Dorothy Hare emprende un viaje de autodescubrimiento con final sorprendente, aunque desde el principio el lector se lo puede llegar a temer.

Aunque no se trate de una obra tan mundialmente conocida como otros trabajos del autor, creo que hará las delicias de los fans de George Orwell y de la buena literatura en general.
Totalmente recomendado.


La semana pasada no hice el ya clásico post sobre películas. La razón principal fue porque no me apetecía actualizar, para qué voy a mentir, pero tampoco es que me sobrase el tiempo y total, sólo había visto una película, así que probablemente actualice el domingo que viene con las películas de esta semana y la anterior.

Tengo pendiente escribir los siguientes posts literarios:

  • El club Lovecraft, Antonio Lázaro.
  • 1984, George Orwell.
  • La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela.
  • El niño con el pijama de rayas, John Boyne.

Actualmente estoy leyendo el maravilloso Tormenta de espadas, tercero de la saga de Canción de Hielo y Fuego. Voy por el primer tomo, a cada página más amante de los Lannister y de Jaime en particular. Cuando termine con Tormenta de Espadas comenzaré Festín de cuervos, el cuarto libro de la saga y, de momento, último publicado. De modo que, cuando haya leído los cuatro, tal vez escriba un post único dedicado a Canción de Hielo y Fuego y su autor, George R. R. Martin, aunque no es plan de adelantar acontecimientos, que conmigo nunca se sabe.

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Fernando Savater gana el Premio Planeta

octubre 15, 2008 at 11:02 pm (Uncategorized) (, , , )


Pues, como bien reza el título de este post, finalmente Fernando Savater se ha hecho con el Premio Planeta por su libro ‘La hermandad de la buena suerte‘, recibiendo un reconocido prestigio por su obra (y, por qué no decirlo, un piquito de 601. 000 euros). Se presentó al prestigioso galardón con la obra ‘La curva del Pardo‘ y bajo el seudónimo de Patricio. Ya fue finalista con ‘El jardín de las dudas‘ en 1993, cuya victoria se la arrebató Mario Vargas Llosa. Por su parte, la finalista ha sido la escritora Ángela Vallvey con su obra ‘Muerte entre poetas‘.

Estoy muy contenta de que Savater haya ganado el premio, estoy deseando leerlo y comentarlo aquí. A ver si me hago pronto con él (*nota mental*). De Savater he leído ‘Ética para Amador’, ‘Ética como amor propio’, ‘Malos y malditos’, ‘A rienda suelta’, ‘Así hablaba Nietzsche’, ‘El contenido de la felicidad’ y ‘Política para Amador‘, que, aunque no sea mucho comparado con su extensa bibliografía, si es bastante como para coger aprecio al autor y convertirlo en uno de mis preferidos a la hora de leer. Por ello, estoy convencida de que el Premio lo tiene más que merecido y que ‘La hermandad de la buena suerte‘ es un libro que merece ser leído.

¡Enhorabuena!

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